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La sangre y los niños de ¡Despertad!: lo que el cambio de 2026 no puede reparar

En marzo y septiembre de 2026, los Testigos de Jehová anunciaron cambios relevantes en la manera de aplicar su postura religiosa sobre el uso médico de la sangre. La organización sigue rechazando las transfusiones de sangre completa, pero ahora deja a la conciencia de cada creyente decisiones que antes estaban restringidas, entre ellas aceptar glóbulos rojos, glóbulos blancos, plasma y plaquetas de otra persona. El Informe 6 del Cuerpo Gobernante explica el cambio de septiembre.

Mientras escuchaba esos anuncios, no podía dejar de pensar en las personas que tuvieron que enfrentar decisiones médicas bajo las normas anteriores. Y recordé una revista publicada mucho antes de que esta revisión pareciera posible: ¡Despertad!, del 22 de mayo de 1994, cuya portada estaba dedicada a jóvenes que habían rechazado transfusiones por sus convicciones.

Una interpretación puede cambiar. Una vida no puede recuperarse. Esa diferencia es el punto de partida de mi nuevo documental y de este artículo, que reúne los casos que la propia revista relató. No pretende calcular qué habría ocurrido clínicamente con cada menor bajo otros tratamientos, algo que el material disponible no permite establecer.

Documental V05 de Después de la certeza. El video se centra especialmente en la historia de Lenae Martínez; este artículo amplía el contexto histórico con los casos de Adrian Yeatts y Lisa Kosack, documentados en la misma edición de la revista.

La portada de 1994: cuando rechazar sangre se presentaba como ejemplo de fidelidad

En las páginas 2 a 15 de aquella edición, ¡Despertad! narra historias de menores enfermos, sus familias, los médicos que los atendieron y, en algunos casos, tribunales que tuvieron que intervenir. La publicación presenta sus negativas a recibir sangre como expresiones de fe y de fidelidad a Dios. Ese es el encuadre original del documento; revisarlo hoy no exige negar que los jóvenes expresaran sus propias creencias.

La portada reúne fotografías de distintos niños y jóvenes. No hay base para afirmar que todos los menores fotografiados en ella murieron: los artículos de su interior relatan desenlaces diferentes. Para este texto utilizaré tres historias con el desenlace expresamente documentado en las páginas de la revista, sin extrapolarlas a todos los pacientes que compartían esa religión.

Lenae Martínez: doce años

Lenae Martínez vivía en Fresno, California. Tenía doce años cuando, según la revista, unas pruebas médicas revelaron que padecía leucemia. Los médicos recomendaron comenzar de inmediato un tratamiento de quimioterapia acompañado de plaquetas y un concentrado de glóbulos rojos. Lenae rechazó recibir esos productos porque había aprendido que aceptar sangre y hemoderivados estaba prohibido por Dios. Sus padres respaldaron su postura y la publicación presenta la decisión como una convicción que ella hizo suya.

Los profesionales sanitarios conversaron con Lenae sobre el alcance de su enfermedad y sobre lo que esperaban conseguir con los tratamientos. Según el relato, un comité de ética hospitalario consideró que tenía madurez suficiente para decidir sobre su propia atención. No se solicitó una orden judicial para transfundirla.

La revista registra que Lenae murió el 22 de septiembre de 1993, en brazos de su madre. Tenía doce años. Su historia aparece en las páginas 9 y 10 de la edición de 1994, y puede consultarse también en la publicación original en la Biblioteca en Línea Watchtower.

No sabemos si Lenae habría sobrevivido a la leucemia de haber recibido el tratamiento recomendado. La enfermedad era grave y la revista no proporciona una historia clínica que permita afirmar un desenlace alternativo. Sí sabemos que la recomendación incluía plaquetas y glóbulos rojos, dos de los componentes cuya aceptación pasó a ser una decisión de conciencia en 2026. Esa comparación es documental, no una afirmación de causalidad médica.

La pregunta que deja su historia

Si aceptar plaquetas o glóbulos rojos puede ser ahora una decisión personal, ¿por qué esa posibilidad no se reconocía cuando Lenae y su familia enfrentaron su enfermedad? Una respuesta a esa pregunta debe empezar por reconocer qué norma se enseñaba entonces y qué norma se enseña hoy.

Adrian Yeatts: una familia, una decisión y una despedida

Adrian Yeatts era un adolescente canadiense de catorce años cuando, en marzo de 1993, le encontraron un tumor de crecimiento rápido en el estómago. Las pruebas posteriores confirmaron un diagnóstico de leucemia. La revista relata que sus médicos contemplaban un tratamiento intensivo que incluía quimioterapia y transfusiones, pero Adrian, respaldado por su familia, rechazó la sangre y los hemoderivados por motivos religiosos.

Su situación llegó al Tribunal Supremo de Terranova. El juez consideró que Adrian podía expresar una decisión madura sobre su tratamiento y desestimó la solicitud de autorizar la administración de sangre contra sus deseos. La publicación recoge también escenas de su vida fuera del hospital: su cariño por los animales, su imaginación y el afecto de su familia.

Adrian se bautizó el 12 de septiembre de 1993 y falleció al día siguiente, el 13 de septiembre. El reportaje concluye presentando su negativa a las transfusiones, que según el propio texto quizá habrían prolongado su vida, como una demostración de haber puesto a Dios en primer lugar. Puedes leer la historia en «Se acordó de su Creador en los días de su juventud», páginas 3 a 8.

No sería correcto sostener, a partir de ese relato, que una transfusión habría curado el cáncer de Adrian. Lo que el documento permite examinar es el contexto en el que se tomó la decisión: una familia, una enfermedad grave, una norma entendida como mandato divino y un proceso judicial sobre cómo respetar las convicciones de un menor.

Lisa Kosack: una historia que exige especial precisión

La misma revista incluye el caso de Lisa Kosack, una niña de doce años ingresada en un hospital de Toronto, Canadá, con leucemia mieloide aguda. Lisa y sus padres rechazaban las transfusiones por motivos religiosos. Según el reportaje, durante su hospitalización le administraron sangre contra su voluntad, una experiencia que la niña describió como profundamente angustiante.

El hospital recurrió a la justicia para solicitar nuevas transfusiones, pero el tribunal terminó desestimando esa petición. Lisa regresó a casa con sus padres y murió allí. Su historia aparece en las páginas 12 a 14 de la edición, dentro de «Jóvenes con poder que es más allá de lo normal».

Lisa sí recibió una transfusión. Por eso sería falso narrar su historia como si hubiera fallecido sin recibir sangre en ningún momento; también sería improcedente afirmar que un tratamiento distinto le habría garantizado sobrevivir. La revista describe una enfermedad grave, una negativa religiosa, una transfusión forzada, un litigio y una muerte posterior: esos hechos, y no una conclusión médica inventada, constituyen el registro disponible.

Qué cambió en 2026 y qué no cambió

En el Informe 2 de marzo de 2026, el Cuerpo Gobernante explicó que cada cristiano debía tomar su propia decisión sobre el uso de la sangre del propio paciente en procedimientos médicos o quirúrgicos. El anuncio de septiembre extendió el mismo criterio a los cuatro componentes principales de la sangre procedente de otra persona: glóbulos rojos, glóbulos blancos, plasma y plaquetas.

La organización mantiene que los Testigos de Jehová no deben aceptar transfusiones de sangre completa. El texto doctrinal actualizado de JW.org aclara además que cada creyente puede decidir si acepta componentes o fracciones y si dona sangre destinada exclusivamente a obtenerlos para otra persona. Decisión de conciencia no significa aceptación obligatoria, ni permite deducir qué habría elegido una persona concreta en otras circunstancias.

El punto histórico es que la línea entre lo considerado prohibido para todos y lo que se deja a la conciencia individual no está donde estaba en 1993 o 1994. En nuestro artículo anterior sobre los cambios de 2026 explicamos esas categorías y comparamos la formulación nueva con las publicaciones precedentes. Aquí importa cómo se recuerdan las vidas de quienes tuvieron que decidir bajo las restricciones anteriores.

La responsabilidad de recordar

Cambiar una interpretación puede ser un reconocimiento de que una conclusión anterior necesitaba revisión. Las personas y las instituciones deberían poder corregir sus ideas. Pero una revisión no elimina la historia de lo que se enseñó, ni las decisiones que se tomaron cuando esa enseñanza se consideraba obligatoria.

Esto no significa atribuir la muerte de cada paciente a una sola causa. Lenae, Adrian y Lisa padecían enfermedades graves, y la revista no permite reconstruir sus probabilidades clínicas individuales bajo tratamientos alternativos. Significa reconocer algo concreto: las restricciones religiosas sobre la sangre formaron parte de las decisiones médicas que enfrentaron, y la misma institución publicó sus relatos como ejemplos de fidelidad.

Quienes crecimos dentro de los Testigos de Jehová podemos reconocer en esas páginas una manera de entender la obediencia que durante años parecía inmutable. Si ahora se amplía el espacio de conciencia, queda abierta una pregunta legítima: ¿qué explicación merecen las familias que tomaron decisiones médicas mientras regía la interpretación anterior?

No deberíamos convertir a esos jóvenes en una cifra ni en un recurso para ganar una discusión. Lenae tenía doce años. Adrian tenía catorce cuando enfermó. Lisa tenía doce. Sus historias merecen leerse enteras, con atención a lo que los documentos dicen y también a lo que no pueden demostrar.

Una norma puede modificarse. Una publicación puede actualizarse. Una interpretación puede dejar de ser obligatoria. Pero quienes murieron no pueden recuperar los años que nunca llegaron a vivir. Recordarlos exige conservar los documentos, entender las circunstancias y examinar con rigor las decisiones que condicionaron sus vidas.

Fuentes primarias y material relacionado


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Respuesta

  1. Avatar de La doctrina cambió. ¿Y la conciencia? – DESPUÉS DE LA CERTEZA

    […] cuestión es especialmente importante en temas médicos. Ya analizamos por separado los casos de menores presentados en ¡Despertad! en 1994. Ese artículo no intenta reconstruir qué habría ocurrido clínicamente con cada paciente bajo […]

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